Recientemente tuve la oportunidad de participar en una jornada sobre accesibilidad. Poco o casi nada sabía de la agenda, más allá de lo que podía deducir por el slogan impreso en la invitación, “Vivir la Diversidad”.
El evento se celebraba en un conocido gran hotel. Las indicaciones me condujeron a un salón sin más lugar para sentarse que una docena de sillas de ruedas, en una de las cuales se me invitó a sentarme. Me anunciaron que aquel iba a ser mi lugar de trabajo durante toda la jornada, y me facilitaron instrucciones de manejo del vehículo. No imaginaba yo que, minutos más tarde, me resultarían indispensables para sobrevivir a bordo de éste por las bulliciosas calles de la ciudad.
Lo que viví durante las horas siguientes fue una experiencia tan extraordinaria como conmovedora.
Todas las actividades, muy participativas, estaban orientadas a sensibilizarnos y hacernos reflexionar sobre las barreras que las personas con algún tipo de discapacidad encuentran para acceder al mundo laboral. Los participantes nos pusimos ese día en su lugar, en el sentido literal de la palabra, y vivimos en carne propia las innumerables dificultades a las que se enfrentan en la vida cotidiana quienes conviven con diferentes discapacidades, visuales, auditivas y motrices.
Casi todos los instructores eran personas con discapacidades, algunas imperceptibles a simple vista pero muy agudas. Resultaba asombroso cuando el compañero de al lado, después de varias horas de compartir diferentes actividades en las que demostraba enorme destreza, te revelaba la severa limitación física o sensorial que padecía. Sus testimonios personales supusieron toda una lección de humildad, constancia y voluntad de superación.
Admirable la actitud de todos ellos ante la vida, e inexplicables las barreras, no sólo físicas, que encuentran para aportar su cualificación y habilidades al mundo laboral.
Estoy convencido de que la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social es el primer paso necesario en la cadena de actuaciones que desde las empresas se pueden realizar para atender de forma responsable a la sociedad en que operan.
Desarrollando políticas integradoras, basadas en las capacidades de las personas, las empresas podemos contribuir a hacer de la diversidad un valor de nuestra sociedad.
La integración plena, la normalidad con mayúsculas, pasaría por no necesitar etiquetas, ni una legislación que imponga a las empresas cuotas de personal discapacitado o medidas alternativas a su contratación.
Queda un largo trayecto para ello, pero iniciativas como esta jornada, organizada por Fundación Manpower, sin duda hacen camino.
Emilio Martín-More






“Vivir la Diversidad”, significa respetar a todo el mundo, aceptando que somos diferentes, únicos y especiales; antes para mí esto eran solo palabras, siendo padre de un niño con autismo, son mi aspiración, mi lucha y mi deseo
Creo que la empatía es el primer paso para una verdadera sensibilización en estos temas.
Muy buen artículo Emilio!
Big help, big help. And suepralitve news of course.